Tengo claro que estamos en inferioridad de recursos mentales e indefensos ante la venida del espíritu de la Navidad y propongo crear el estado de alarma como ha hecho el Gobierno con los controladores aéreos. Militarizar al espíritu de la Navidad, dotarlo de un Kalashnikov, y que dispare de lleno a nuestras cabezas cuando éstas se nos vayan por derroteros consumistas. Esa falsa paz en lujosos envoltorios que nos vende el espiritu de la Navidad no cuesta más que el precio de una bala, sólo hay que sustituir la pólvora por la realidad, apuntar bien, disparar, y la hipocresía saltará por los aires. Llegado el caso, los provistos de reconfortables trincheras económicas salvarán el pellejo; el resto llenará innumerables fosas comunes de números rojos.
Por un lado, la crísis nos hace apretarnos el cinturón al mismo tiempo que nos aprieta el cuello hasta intentar ahogarnos económicamente, y ahora el espíritu este quiere hacernos tragar su tradicional polvorón navideño. Pues yo no trago; semejante arcada ya me produce la bazofia diaria con la que nos alimenta el mundo. ¿A cuento de qué viene a aparecerse, como el turrón, este falso espíritu de la Navidad, cuando verdaderamente lo que aparecen son más casos de pobreza, violencia de género, corrupción, etc etc?
No digo que no exista el verdadero espíritu de la Navidad, pero hoy por hoy, el que está de moda y el que nos venden y compramos es tan falso como los bolsos de Carolina Herrera que encontramos tirados en las calles de los mercadillos. Y como nos gusta tanto presumir, nos da de lado si llevamos en cada uno de nosotros, no sólo en estas fechas, sino el resto del año, el certificado de autenticidad.
Feliz Navidad
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