DESEOS CUMPLIDOS
De los burdeles, Santi siempre salía insatisfecho, y a la vez era objeto de las burlas de las putas. A gritos y entre alcohol, maldecía a su micropene.
En casa, se miraba y hacía añicos los espejos con las manos. Un trozo de ira muy grande se quedó en una de sus manos.
Hoy Santi no sale del burdel, es travesti, disfrutando con lo que siempre ha deseado: sentir lo que es un pene normal.
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