
A las puertas de la Iglesia un anciano se acercó
a confesar sus pecados que de joven cometió.
Saludando con un Ave, un María, y un Purísima después
sin pecado concebida, respondió el Padre Andrés.
Padre, en esa segunda guerra que en medio mundo estalló
huyendo del enemigo una joven a mi puerta golpeó.
Como buen samaritano le di apoyo y compasión
una estancia indefinida y una buena habitación.
Hijo, confieso que aquella acción fue un acto de caridad
y por tanto el confesar no tiene necesidad.
No dudo Padre que no, que no hubo acción de pecar
pero la cosa cambió cuando me insistió en pagar.
Yo no quise una moneda, nunca la quise cobrar,
y aún me paga hoy con su cuerpo y su manera de amar.
Hijo, en ese caso tampoco no tiene a bien confesarse
es otro acto de amor y no hay por que preocuparse.
No sabe Padre el alivio que esas palabras me han dado
no sabe usted cuanto peso de mi alma me ha quitado,
pero dígame buen Padre, sabiendo que no he pecado,
¿debería de decirle que la guerra ha terminado?
Ahora que está demostrado que las cabinas de rayos UVA producen cáncer de piel, en los solarium sólo van a tomar el sol las arañas mientras tejen su tela. Pero qué me decís de los confesionarios, ¿qué extraño fenómeno o qué estudio científico avalado por una prestigiosa universidad internacional acabó con la cita de los pecadores a ese reservado mueble de cualquier rincón de una iglesia? ¿ Será que el cura de nuestra parroquia no nos inspira confianza y puede que lo largue todo mientras se toma unos potes con tu cuadrilla? ¿Será que vivimos en contínuo pecado y para qué ir todos los días a chivarte al cura si seguro que ya se puede hasta confesarse por internet? Tampoco creo yo que haya desembarcado alguna multinacional de la Iglesia en las grandes ciudades y hayan montado una gran superficie eclesiástica y ofrezcan diecisiete altares como mínimo con tu Santo o Santa preferida, bancos de lujo abatibles con mando eléctrico con pantalla LCD delante de tus narices y cascos incorporados para ver y escuchar cómodo la misa y menú de pan y vino especial para mesa en pareja, sólo o en familia y confesionarios robotizados a modo de cajero automático que introduciendo tu clave bautismal accedas al menú principal de pecados, elijas el tuyo y pagues por ello, devolviéndote la máquina un vale con fecha de caducidad que el día que vayas a comulgar puedas presentarlo como prueba ante el sacerdote por si te lo pide y no vayas de listo a recibir la ostia gratis. Si es así, entonces lo entiendo, es la misma fórmula con la que otras grandes superficies han acabado con las pequeñas tiendas del barrio. Salvemos los confesionarios.
2 comentarios:
Con la Iglesia hemos topado...
La verdad que la idea del cajero es un gancho perfecto, puro marketing eclesiático. Pero ni por esas iré a confesarme, pues el
sa-cerdote tendría que escuchar una retahíla de pecados libidinosos de más de una hora. Cada vez con más frecuencia, cuando miro al Papa me viene a la mente Amancio Ortega pues ambos empezaron la historia de su empresa en condiciones deplorables (uno vendiendo bragas y otro nacido de un adulterio nazaresco) pero han acabado teniendo sucursales por todo el mundo.
Inditex Vs. Vaticano
Pd: Por fin te pillé una falta ajaaaa "qualquier", a lo mejor solo es que nos estás induciendo subliminalmente a que hablemos esperanto... A VER si vamos a acabar tan samaritanos que no podamos dejar de meternos mano.
Confieso que me has pescado. He cometido un gran pecado ortográfico, de los de copiar mil veces "cualquiera no se escribe con q de palangana" pero qualquiera puede tropezar de nuevo en la misma piedra. No obstante, antes de que me apliques penitencia gramatical he pedido ayuda espiritual al editor de entradas y bajo soborno divino ya está solucionado.
Bueno, las vidas paralelas de esos personajes tiene mucho que ver con AC/DC (nada que ver con el heavy metal, eh). Ámbos supieron vender eficazmente el producto. AC la gente demandaba fe y ahí empezó todo el tinglado. DC, cuando la gente vio que la fe no le satisfacía, demandó bragas, y ahí apareció Amancio.
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