Hay anhelo en mi boca por aniquilar el hambre de tus pechos
y saquear del fondo de tu pecho suspiro tras suspiro.
Hay sed en mi boca por escanciar de besos las areolas que circundan
los firmes pezones y pellizcar con los labios su erecta voluptuosidad.
Hay vértigo en mis dedos ante el movimiento inquieto de tus muslos
para lanzarlos uno a uno al vacío de tu pubis.
Perder el equilibrio de tu mirada, como yo mi postura espontánea
hacia una estabilidad placentera y quedarme prendado en tu intimidad.
Hay ceguera en mis labios por acercarme a ella
hasta perder lentamente la visión central de los pliegues de sus labios
y recuperarme de esa transitoria discapacidad ansiosa,
al colmar cada uno de mis deseos con el aroma húmedo de tu sexo.
Hay palabras en la punta de mi lengua extraídas de mi lenguaje lascivo,
que buscan perfeccionar el sentido del verbo gozar
y crear fuera y dentro de ti un nuevo significado que añadir a lo ya escrito anteriormente.
Hay lujuria por lamer en tu lúbrico sexo
y derramar sin compasión sobre mi boca los sabores del orgasmo,
haciéndolos fluir en continua y perfecta armonía con el estrépito gemir de tu garganta
unida al incesante temblor de tu piel.
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